Ella Madre, Yo Tía.
- Psicóloga María Paula Palacios

- 27 may
- 2 min de lectura
Aún recuerdo la noticia de cuando mi hermana se embarazó, después de mi alegría por verla tan realizada, solo pensé, “¿cómo es que ahora vas a ser mamá, si recién acepté el no tenerte cerca y aún nos falta mucho por recorrer siendo hermanas?”.

Como contexto, mi hermana vive en otro continente desde hace más de 7 años y antes de eso, cuando vivíamos juntas, compartíamos absolutamente todo, juntas de arriba a abajo, completándonos las oraciones… ya te imaginarás. Fue y es mi admiración, diría que representó en mí no solo la hermandad, sino, una figura materna de cuidado, refugio, compasión, comadrería y apoyo incondicional. Creo que no había aceptado por completo lo mucho que le extrañaba. Solo seguimos adelante adaptándonos a la nueva realidad, siendo fuertes y tratando de mantener el mismo contacto.
¿Y ahora? Ahora, mi hermana es madre. Desde que la vi embarazada se me remueven los recuerdos, verla tener su propia familia y recordar cuando corríamos en medias en la casa, cuando peleábamos por querer lo mismo, cuando nos reíamos o llorábamos juntas…juntas a todo.
Evidentemente con el tiempo, al ir procesando la noticia de su embarazo, no fue solo alegría lo que sentí, fue algo más complejo y difícil de nombrar. Es como si en el instante en que mi hermana comienza una nueva vida, algo de la nuestra (la de antes) empezara a despedirse en silencio.
De manera egoísta pensé, “me toca seguirte compartiendo”, pero, al verla forjar un hogar tan lejos de casa, al verla feliz con su compañero de vida, al ver su alegría al enterarse del embarazo, al verla realizada siendo madre, supe que no solo es la mejor hermana, ES LA MEJOR MADRE, y que honor poderla compartir con todos quienes la aman, y ahora con su hija, Olivia.

El camino por recorrer recién empieza, las dos como hermanas en diferentes facetas de nuestras vidas, y ella como madre y yo como tía. Una nueva dinámica que ya comenzó y ahora mi hermana y yo como cómplices en la crianza.
Desde la psicología: Aceptar la parentalidad de un/una hermano/a si es un proceso emocional, como todo cambio que ocurre en nuestra vida. No hay una única manera correcta de vivirlo, pero si hay aspectos importantes a considerar como: los cambios en la dinámica familiar, el cambio de prioridades, la vivencia de cierta “pérdida” en medio de la alegría, hay ambivalencia de emociones como la felicidad, celos, nostalgia, ansiedad, presión social. Hay una reacomodación de identidad, pues ahora ¿qué rol ocupo en la familia? Hay una construcción de un nuevo vínculo para conectar desde una nueva etapa.
No se pierde un/una hermano/a, se aprende a conocerlo/a de nuevo.
El amor no desaparece, se transforma. Ahora somos hermanas desde lugares distintos.
Atentamente,
Tía Paya



Comentarios