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¡Qué Peripecia!

En memoria a mi abuelito, el Dr. Fausto Palacios, que se escapó a su pueblo mágico.


Eye-level view of a cozy therapy room with a comfortable chair and soft lighting
El Dr. Fausto Aníbal Palacios Gavilanes (1929 - 2021): Esposo, padre, abuelo, bisabuelo, abogado, periodista, escritor, poeta, miembro emérito de la Academia Nacional de Historia, ilustre Ambateño, entre otros.

 

No sé si me contaron o lo soñé, pero resulta que mi abuelito Fausto se daba una escapadita por las noches para salir a pasear. Nadie sabía a donde se iba, era un misterio.


Hoy antes de despertar estaba divagando en mis sueños, cuando de repente me di cuenta de que estaba huyendo de algo. Me encuentro en un puente, al inicio recuerdo que era tenebroso, solo con verlo nadie se atrevía a caminar por ahí, la neblina no me permitía ver más allá, solo veía mi rápido caminar, y, al ver hacia abajo, había rostros con sus ojos color rojo que salían del río que pasaba por aquel puente. Recuerdo que solo corría hasta sentirme alejada de todo.

 

Cuando la neblina empezó a despejarse, alcancé a ver una silueta que caminaba frente a mí. Era la silueta de una persona muy conocida. Caminaba deprisa, como si se atrasara a algún compromiso. Estaba con una boina en su cabeza, su pelo era blanco y además tenía el periódico en sus manos. Lo alcancé a ver de perfil, y, muy sorprendida me di cuenta de que era mi abuelito Fausto.  Entonces lo empecé a seguir hasta que él se dio cuenta que alguien estaba tras él, así que acelero su paso. El seguirlo me llevo a encontrar un pequeño pueblito, ahí ya era de día y estábamos como en una feria llena de gente. Mi abuelito se escabullo entre ese gentío.

 

Tras perderlo de vista empiezo a indagar sobre aquel pueblo “mágico”. Para mi sorpresa resulta que ese pueblo estaba lleno de personas que ya han vivido muchísimos años, pero con el solo estar ahí a partir de cierta hora se volvían más jóvenes.

 

¿Qué hacia mi abuelito ahí? Nunca logré volverlo a encontrar, pero descubrí que en las noches se escapaba a aquel pueblo mágico y rejuvenecedor donde se reunía con varios de sus amigos, colegas y escritores para leer el periódico, libros, historias, cuentos, poemas y sobre todo viñetas.

 

Entonces lo entendí todo...

 

Lo recordaré con sus innumerables libros y distinguibles apuntes, con su esfero, su boina, sus gafas, sus llaves de la casa y estudio, sus zapatos de charol que han recorrido incansablemente las calles de su Ambato querido, sus palabras de cada discurso donde al terminar decía “palabra de ambateño” o “palabra de enamorado” cuando hablaba de mi abuelita.

 

Ah, y por supuesto, su anillo.

 

Nunca olvidare el amor eterno a su vieji, a su familia y a la ciudad de Ambato.

 

Con amor, su nieta María Paula Palacios

 
 
 

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